Desde pequeños aprendemos que la mentira no es buena aliada; porque como reza un dicho “primero cae un mentiroso que un cojo” y al analizarlo concluimos que para sostener una mentira hay que volver a mentir y por lo regular al no poder sostener algo que no fue “real” entramos en contradicción hasta ser descubiertos.
Para
los occidentales y los que practicamos la religión judeo-cristiana la mentira es
una falta al estar dentro de los 10 Mandamientos que le dio Dios a
Moisés. El noveno mandamiento nos dice “no darás falsos testimonio contra tu
prójimo”. Y si no vamos a la ética de
cualesquiera relación y profesión la mentira es una manera de evadir
responsabilidades.
La
mentira no es considerada una enfermedad o patología; es decir, podemos
evitarla, porque nadie nace con una distorsión mental sobre ella. La Mitomanía
puede observarse como un problema psicológico si está asociado con la baja
autoestima o inseguridad.
Entonces,
¿Por qué mentir se ha convertido en una manera de vivir? No hay un factor
único, pero me voy a centrar en que este fenómeno se ha transformado en una
elegía para quienes buscan protagonismo o evaden la responsabilidad de
enfrentar la ley.
Con
la aparición de las Redes Sociales, como ha sucedido a lo largo de la historia
de la humanidad, los factores positivos son aprovechados por quienes tienen
interés en expandir el pensamiento científico o intelectual humanístico más
allá de lo posible. Sin embargo, las redes al estar al alcance de todos -eso le
decimos democratización- hay quienes la usan para desacreditar; generar caos
-como fotos no reales o hechos que sucedieron hace años o en otros puntos, pero
se presentan como actuales o dentro de un contexto social determinado-. Para manipular
una realidad en forma absurda, pero que sabe va a llegar a una determinada
audiencia que no discrimina.
Muchos
libros se han elaborado para alertar del uso y abuso de las redes; en lo
personal me quedo con uno en particular “La humillación de las redes
sociales”. Aclaro, no objeto su aparición, sino la manera de su
utilización.
El
mal uso va encadenado a una baja educación, en algunos casos; personas que por
su reducido accionar crítico no cuestionan y replican mentiras no midiendo lo
que hacen y el daño que replican. Otros, cuya dinámica, al no poder alcanzar
sus objetivos, hacen uso del descrédito o de la mentira para ver si logran lo
que por las buenas no se les da. La creación de “bots”, robots o una aplicación
usada para replicar algo – la mayoría no tiene rostro.
Vivimos bajo el Imperio de la Mentira y por acción u omisión muchos se han convertido en un eco virtual de todo tipo de ingenio dañino hasta en momentos de desgracias como es un sismo, inundación o el fallecimiento de alguien “importante” que acabas de ver hace dos segundos; pero te aseguran falleció
Pero
¿qué hacer? Se ha hablado mucho de la regulación,
tarea nada fácil; regímenes totalitarios han censurado o limitado su uso.
El “fake news”, la Post verdad son algunos conceptos aparecidos, ¿Cómo se contraponen? La única vía que siempre ha existido: La Educación, una instrucción que más allá de dar conocimiento genere un ser humano crítico; que decante todo lo que recibe. No es que deba entrar en un laboratorio a desmenuzar el ADN o aplique el Carbono 14 o Radiocarbono a la noticia que tiene al frente. Un niño formado con sentido crítico tendrá en sus manos las herramientas para diferenciar lo verdadero de lo falso. Y siempre recuerda primero cae un mentiroso que un cojo; mienten los cobardes y la mentira llega tan lejos como tu inteligencia lo permita; no caigas tampoco en la excusa censurable "hay mentiras blancas" o "mentiras buenas". Eso no existe.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario