martes, 5 de agosto de 2025

Hablemos de Democracia

   Los panameños tenemos un sistema democrático que este año cumple 36 años; si fuera un ser humano hablaríamos de un cuerpo que está en la mejor etapa de su desarrollo. Sin embargo, como sociedad, estamos en una etapa de crecimiento y nos falta madurar, consolidarnos para fortalecer nuestras instituciones democráticas para que nos blinden ante los caudillismos del nuevo siglo.

El riesgo de nuestro país es que, ante la interconexión del mundo por las redes sociales, estamos sometidos a comparaciones con resultados “exitosos” que no meditamos si están hechas para nosotros por distintos factores: El origen histórico, económico y por una educación que se mantiene en una gran deuda con generaciones completas.

Al no contar con un sistema educativo robusto elegimos Diputados a los que le exigimos funciones que son de Representantes; le demandamos que dejen de lado los proyectos comunitarios, pero a la hora de la hora es lo que hacemos. Para rematar hay algunos que hasta lo hacen parte de su campaña: ¡El que no da. No va! Lo triste es que en varios casos se ha cumplido con diputados – antes Legisladores- que fueron a hacer leyes y fiscalizar, pero al no regalar neveras, estufas o bicicletas se quedan en la otra vuelta.

Este mismo fenómeno sucede a la hora de votar por Alcaldes y Presidente: damos el voto a quien dice lo que deseamos escuchar sin medir que son, en la mayoría de los casos, promesas que no van a materializarse; pero deseamos oírlas. Cada quinquenio repetimos los mismos errores y luego, con un sentido inmaduro; nos quejamos de la actuación de los electos como si hubiesen llegado por una abducción extraterrestre y no por la responsabilidad del voto que ejercimos.

Cada cierto tiempo escuchamos cantos de sirenas que llegan a nuestras costas como la segunda vuelta que se oye bonito, pero puede traer peores pesadillas; ¡No a la reelección!, pero los nuevos resultaron tan  prendas como los anteriores. El tema no está en la forma sino en el fondo.

Actuamos por modismos sin analizar que los jarabes y los antibióticos no tienen el mismo resultado en organismos distintos; para rematar en ocasiones los oleajes de modelos políticos llegan a nuestras costas cuando han quedado desfasados o no han dado los resultados que se esperaban.

Sin embargo, con todas sus imperfecciones la Democracia continúa como el modelo más apropiado para la convivencia del ser humano, en la que se esgrimen las diferencias, pero se respeta el derecho a pensar distinto. Cambiarlo por otro es un experimento que vale la pena si supera este sistema, más no es tan posible a menos que fuésemos dioses. 

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